Cartas a Clara - Juan Rulfo

 FICHA TÉCNICA:

Nombre: Cartas a Clara

Autor: Juan Rulfo

País: México

Fecha de publicación: 2000

Después de casi dos años de leer este libro al fin les traigo los bellos fragmentos que rescaté y que me parecieron puro amor. Así es amigos, este libro es diabetes garantizada, Juan Rulfo fue un enamorado apasionado y sus cartas hacen que todos quieran tener un amor así de bonito (aunque sabemos que nadie nos amará para escribirnos de esta manera). Y si lo tienen pueden sentirse afortunados porque la mayoría queremos estar bajo los efectos del amor reciproco. 

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"Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye".


"Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña. Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida".


"Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se revelara. No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba. Y un corazón que sabe y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada".


"Hoy que vine de ti, sostenido a tu sombra, me puse a mirar mi soledad y la encontré más sola".


"Tristeza la de antes de conocerte, cuando el mundo estaba cerrado y oscuro; pero no ahora en que, si no me porto mal, tal vez, algún día de éstos, llegues a comprender lo encariñado que estoy contigo. Clara, vida mía, me hace falta tantita de tu bondad, porque la mía está endurecida y echada a perder de tanto andar solo y desamparado".

"Estuve leyendo hace rato a un tipo que se llama Walt Whitman y encontré una cosa que dice: El que camina un minuto sin amor, camina amortajado hacia su propio funeral. Y esto me hizo recordar que yo siempre anduve paseando mi amor por todas partes, hasta que te encontré a ti y te lo di enteramente".


"Mi madre se llamaba María Vizcaíno y estaba llena de bondad, tanta, que su corazón no resistió aquella carga y reventó. No, no es fácil querer mucho".


"Ahora te voy a decir otra cosa: no te enojes conmigo porque no escribí luego luego, pues cuando te pones corajuda te ves muy bonita, y yo no quiero que te veas bonita no estando yo ahí para mirarte”.


"Ojalá no te hayas enfermado de catarro ni de nada. Yo no quiero que te enfermes nunca; lo que sí quisiera es conseguir que permanecieras siempre con la sonrisita que tienes y con los ojos que tienes, así de alegres, que a veces me da miedo pensar que alguien, nomás de ver eso, se enamore de ti. No, no me gustaría que sucediera”.


"Ayer pensé en ti y antier y antes de antier y todos estos días. Además, pensé lo bueno que sería yo si encontrara el camino hacia el durazno de tu corazón; lo pronto que se le acabaría la maldad a mi alma y lo despiadado”.


"¿No te he contado alguna vez lo despiadado que soy? Pues sí, Kiko, yo odio mucho al mundo y mi odio es constante. Quizá por esto el mundo me ha tratado mal y me ha hecho desafortunado. ¿Pero soy desafortunado, Kiko? ¿Verdad que no lo soy? ¿Acaso tú no eres para mí toda la riqueza junta y un rinconcito de suave tranquilidad? Algún día lo sabré, ¿no, Kiko?”.


"Por lo pronto, me puse a medir el tamaño de mi cariño y dio 685 kilómetros por la carretera. Es decir, de aquí a donde tú estás. Ahí se acabó. Y es que tú eres el principio y fin de todas las cosas”.


"Si de casualidad no estoy en Guadalajara para el domingo, te deseo una cantidad infinita de felicidades y que nunca llegues a conocer un día negro que, como los míos, te haga pensar, porque es malo pensar para el que quiere y busca la tranquilidad”.


"No te he dicho nada. No trataba de decirte grandes cosas porque hace ya mucho tiempo que se me olvidaron o perdí la fe en las grandes cosas; sólo quería saludarte y hacerte saber que todavía este muchacho piensa en la mujercita aquella".


"Sabes, estaba yo pensando hace ratito que tú eres como el mar… Bueno, pero esto no es una carta de amor, es una carta de negocios. Estoy tratando de resolver nuestro negocio, el tuyo y el mío, para que los dos tengamos algo que ganar, yo más que tú, porque yo te gano a ti, y tú, en cambio, sólo lograrás obtener a este muchacho desorientado y enfermo, no tan desorientado que digamos, pero sí muy enfermo de amor por ti".


"Ellos no pueden ver el cielo. Viven sumidos en la sombra, hecha más oscura por el humo. Viven ennegrecidos durante ocho horas, por el día o por la noche, constantemente, como si no existiera el sol ni nubes en el cielo para que ellos las vean, ni aire limpio para que ellos lo sientan. Siempre así e incansablemente, como si sólo hasta el día de su muerte pensaran descansar".


"Te estoy platicando lo que pasa con los obreros en esta fábrica, llena de humo y de olor a hule crudo. Y quieren todavía que uno los vigile, como si fuera poca la vigilancia en que los tienen unas máquinas que no conocen la paz de la respiración. Por eso creo que no resistiré mucho a ser esa especie de capataz que quieren que yo sea. Y sólo el pensamiento de trabajar así me pone triste y amargado. Y sólo el pensamiento de que tú existes me quita esa tristeza y esa fea amargura".


"Yo aquí no he ido al cine. El cine sin ti no sirve. No hay ni siquiera el gusto de llegar tarde y no encontrar asiento. Esos líos eran suaves y casi nomás por eso valdría la pena volver allá".


“Volver a empezar.” Cuánto me gustaría estar allá, y volver a empezar de nuevo a conocerte y a vivir allí, pero sin miedo, sin dificultades ni ningún temor de perderte".


"Pero la realidad es distinta. Es dura y lo hace a uno sentir su dureza y conformarse, si uno no quiere volverse loco tratando de encontrarle una salida".


"Por esa razón te pedía yo consuelo, pues eres la única que puedes dármelo, para sentirme más conforme; para dejar de rebelarme contra todo lo que se opone a mí mismo. Yo te pedí ayuda una vez y ahora la necesito, pues estamos luchando por los dos, para hacernos nuestro propio mundo, el que yo sé que existe, porque ya he vivido en él. Un mundo donde no infunda uno temor a nadie ni se haga uno odioso. Y eso tú y yo lo podemos hacer".


"Y mi conclusión es que uno debe vivir en el lugar donde se encuentre uno más a gusto. La vida es corta y estamos mucho tiempo enterrados".


"Esta carta no te la iba a mandar por lo triste que está. Pero debido a que otras dos que había hecho también eran igual de tristes, opté, para no tardarme más en escribirte, por enviártela tal como estaba. Te recomiendo no me hagas mucho caso, pues soy muy amante de quejarme".


"Te voy a dar un consejo, antes que nada: no te enamores nunca, porque duele; duele aquí donde la gente dice que tenemos el corazón. Y a mí no me gustaría que sufrieras, antes, por el contrario, que fueras feliz siempre, por todos los siglos de los años eternos".


"Antiguamente llegué a pensar que era imposible, pero tenía fe en ti; sabía, en el fondo, que eras buena; que con el tiempo podrías comprobar que el cariño que yo sentía por ti era de esos amores buenos y sinceros que uno trae ya desde su nacimiento por alguien".


"Y desde entonces he estado pensando en ti constantemente, como si fueras un hermoso sueño que no se acabará nunca, hasta que yo deje de vivir. Luego vino ese sentimiento, que no me ha abandonado todavía, de que yo era un pobre diablo y de que tenía que luchar mucho para defenderme de mí mismo. Pues yo no te quería entregar un corazón enfermo como el mío y un espíritu (muchos dicen alma) cansado de tanto andar solo por el ancho mundo".


"Pues yo no te quería entregar un corazón enfermo como el mío y un espíritu (muchos dicen alma) cansado de tanto andar solo por el ancho mundo. Pues yo, y esto no te lo he contado todavía, desde que yo me acuerdo, siempre fui un sujeto dado a estar solo; ni cuando era chiquillo me gustó andar con los demás, jugaba a los juegos que se usan entonces, pero pronto me cansaba y entonces me sentaba en una silla y me ponía a leer lo que encontraba primero y allí me estaba lee y lee día y noche hasta que me apagaban la luz. Esto me hizo daño. Yo sé que me hizo daño para la vida".


"Uno tiene su vida interior formada desde los primeros años, y al fin un día se encuentra uno con la vida de afuera y la halla uno llena de problemas y complicaciones y uno no está bien preparado para eso".


"Y yo sé que si hubieran vivido tus suegros todo fuera de otro modo. Pero ellos me dejaron solo y, quién sabe si para bien o para mal, eso me formó ciertas defensas. La vida está como empañada cuando uno no tiene a nadie. Y ese mundo interno del que te hablo fue quizá mi defensa para soportarla".


"Luego viniste tú. Es decir, yo fui a donde tú estabas. Y aquí viene lo bueno. Los ejércitos del alma y los ejércitos del corazón se declararon la guerra. El alma quería estar tranquila, pero el corazón estaba muy alborotado. Este corazón mío te quería. El alma también. Sin embargo, tú sabes cómo es el alma, le gusta que todo transcurra en calma, sin sobresaltos, serenamente, y el corazón, por el contrario, es muy caprichudo (como tú)".


"Lo cierto es que el corazón quería irse contigo, sin pensar, sin calcular nada, como un ciego detrás de la luz; pero el alma le decía que había que hacerlo pausadamente. Estaba de acuerdo en todo, menos en la precipitación".


"Habíamos quedado en que te había encontrado a ti y en que esa chachita había sido una esperanza para sentir de otro modo la vida. Por esa razón te pedí tu confianza; más que otra cosa era tu confianza lo que yo quería. Algo me decía que en ella yo podría hacer las cosas a las que mi ánimo se negaba".


"Que tú seas una compañera, una amiga; que sepa uno que no está batallando solo, sino que hay alguien junto a uno que lo ayudará. Yo te expliqué que eras tú la única persona en este mundo capaz de ayudarme a defenderme de mí mismo. Porque eres la única cosa por la cual yo lucharía".


"Ahora bien, no debes de dejarme en paz. Porque cuando siento que quiero estar en paz es cuando tengo la tendencia a dejar que el mundo camine por su cuenta y que pase todo sin importarme a mí nada. Y yo sé cuáles son mis debilidades".


"Tú eres ahora mi sueño. El mejor y el más hermoso de mis sueños. Un sueño que se puede tocar; que tiene ojos que lo miran a uno y boca tibia y dulce que lo hace a uno amar más la vida. Que tiene corazón y un alma noble y amiga en quien uno puede poner toda su fe".


"Yo lo único que hago es darle gracias a Dios porque al menos cayó en buenas manos. Y porque está a gusto allí con ella; y porque siempre lo estará si es que a ella no logra enfadarla. Eso es lo que hago".


"Lo que pienso a veces es que tú eres la de la mala suerte, si es que este muchacho es lo que te va a tocar. Desde aquí te lo digo: perdiste en el volado. Yo gané; pero tú perdiste. Yo gané un tesoro enorme y tú sólo a este muchacho triste. A veces tengo miedo por ti. Sí, tengo miedo de que me vayas a olvidar cuando te enteres de que no valgo nada. De que el poco valor que tengo es la fuerza que tú me das".


"Ese sueño que eres tú todavía dura. Durará siempre, porque siento como que estás dentro de mi sangre y pasas por mi corazón a cada rato".


"Yo siempre me he sentido miserable, enormemente miserable, como te lo he dicho varias veces. Mucho, porque yo he querido serlo, mucho porque me han hecho sentir que lo soy. Me han golpeado, sabes, me han dado duros golpes en eso que le llaman sentimiento. No sé quién; pero sí sé que a veces, cuando me examino el alma, la siento un poco quebrada".


"Y tú me has aliviado, simplemente, de la manera más sencilla, has puesto parchecitos allí por donde se me salía el ánimo, donde yo más los necesitaba".


"Sabes, los días más felices que yo tengo, ésos son: los días en que tú me escribes y los días de quincena".


"Con todo, hay una cosa de la que no dejaré de tener miedo y que jamás me perdonaré si llega a suceder, y es que tú no llegues a encontrar la alegría que mereces. Criatura, yo desearía que tú siempre fueras feliz, siempre y en cada hora de tus días. Tú y nadie más".


"Yo siento aquí, en los nudos de mis venas, querer hacer por ti tanto. Y aunque sé lo limitado que soy y lo lleno de humo de ilusiones con que he vivido, sé también que haré todo lo posible porque no nos llegue a faltar nada a este par de pobres muchachos que seremos nosotros".


"Por otra parte, y fuera de todo eso, lo más importante y esencial para mí es tenerte cerca, estar contigo y sentir que hay algo hermoso y real por lo que quiero vivir. Y no sé, pero siento aquí, en ese lugar que se enseñó a palpitar por ti, que seremos muy buenos amigos tú y yo, los mejores amigos".


"Estamos viviendo el tiempo de las vacas flacas, cuando los pobres son más pobres y a los ricos se les merma su riqueza. Pero nosotros no fuimos los que escogimos el tiempo para vivir. Nacimos por milagro y todo lo que nos sigue dando vida es milagroso. Por eso no dudo, y menos aún ahora, de que los dos juntos seremos más fuertes para aguantar el amor o la alegría o la tristeza o lo que venga".


"Así seremos tú y yo: esos buenos amigos que se llaman Clara y Juan serán como la piedra contra la corriente de los ríos, muy firmemente aliados contra todo, y haremos un mundo. Un mundo nuestro, tuyo y mío, para los dos".


"Eso quisiera para ti. Darte cuanto existe. Pero no podemos ser como dioses; no somos más que pobrecitos seres humanos, y tenemos que pedirle a Él que mire por nosotros. Que abra sus grandes ojos sobre este par de muchachitos suyos y que no nos falte nada. Sin embargo, a veces creo que es pedirle mucho. Yo le pedí tu cariño y me lo dio. ¿Qué más sobre eso pudiera yo pedirle?".


"...porque ésa es mi intención, explicarte de ese modo mi gran amor por ti, apretándome muy fuerte contra tu cuerpecito, como si yo fuera una cosa humilde y pequeña que me quisiera encerrar entre tus manos y no salir de allí nunca".


"Antes yo sentía la pasión y la turbulencia. Era algo así como la tempestad o un arroyo. Estaba lleno de corajes y de odios; pero las tempestades pasan pronto y los arroyos se secan pronto. Y no, no soy ya así. Tú me has enseñado a no ser ya así".


"Yo por eso admiro esa serenidad tuya con que me escribes siempre; sin gritos, de la manera más tranquila. Y he aprendido a distinguir entre una cosa y otra: la tempestad y la calma. En la calma hay tiempo para ver cosa por cosa y sentir cuánta suavidad hay en tu mirada y cuán tibios son los dulces labios tuyos y de qué modo se mueve tu corazoncito".


"Lo que quiero es tu amor, venerada chiquilla; si pudiera, haría un mundo bueno para ti, te llevaría siempre en mis brazos, para que no te lastimara la vida. Que no sufrieras nunca, en ningún momento. ¿Qué podría pedírsele a Dios a cambio de eso?".


"Sólo cuando voy al campo te encuentro, te veo claramente y me olvido de todo el mundo. Sólo entonces, amorcito, vuelvo a sentir que hay algo muy, muy querido y hermoso en mis pensamientos. Algo que comienza entre el ruido de los árboles y las hojas, y el silencio que viene después y que va a acabar en tu corazón. Entonces es cuando te veo y te amo más".

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